A la memoria de
Guillermo H. Ortiz Blanco
Ahí
estaba, era él.
Dormía
como pincel envuelto en su madera,
madera
de cruz y de calvario,
de
astillas perdidas buscando su perdón.
El
cuerpo se apoderó del cuerpo,
se
llagó con esa esperanza sin llegar.
Todo
en él era silencio,
silencio
triste de espinas clavadas sin andar.
Ahí
estaba, era él,
Guillermo,
Guillo,
el
pintor del sentimiento de colores liberados,
rostros
claros y borrosos,
como
ciegas luciérnagas mirando su dolor.
Ha
muerto el pintor de los instintos,
el
pintor que dibujó, desde su más profunda soledad,
los
párpados oscuros de la muerte,
la
fuerza del ser que cae y se levanta y sigue su camino,
suave
y sosegado, como el crepúsculo y el alba,
en
el eterno silencio preñado por el viento.
Genaro
González Licea
Caloclica,
CDMX, 7 de abril de 2026.



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