sábado, 16 de marzo de 2024

"La sequedad del estanque", poemario de Genaro González Licea

 

Diseño de Ulises Fierro Naranjo
Fotografía de Ingrid L. González Díaz
Coordinación de Marcela Román N. 
Editado por Francisco Fierro Brito 
Prologo de José-María González Ortega

Tengo a la vista la maqueta y portada del poemario “La sequedad del estanque”, libro que dediqué a mí siempre maestro don Pedro Vuskovic Bravo, hombre de gran sencillez y calidad humana.

“La sequedad del estanque” es un libro editado por EL CANTO DE LA ALONDRA, elcantodelaalondra@gmail.com, que cabe en bolsillos y bolsas de mano, su tema es el envejecimiento del ser interno que tenemos todos, la vivacidad de la vida y el amoroso encuentro con el misterio de la eternidad de la muerte.

Dicho poemario, por otra parte, esta prologado por el poeta y crítico español  José-María González Ortega, quien, además de sus libros de poesía, conferencias y recitales, ha coordinado antologías, dirigido programas culturales y participado en diversos grupos literarios. Un privilegio que su pluma y su estatura acompañe el camino de poemas tan modestos.

Es de agregar que “La sequedad del estanque” ha sido cuidadosa y amorosamente editadas por EL CANTO DE LA ALONDRA, “esfuerzo editorial independiente abierto a autores con reconocida trayectoria, pero también a quienes se inician en las letras”. Su diseño estuvo a cargo de Ulises Fierro Naranjo, la coordinación por la escritora y poeta Marcela Román N., y la fotografía por Ingrid L. González Díaz.

Felicidades mi estimado poeta y editor Francisco Fierro Brito, felicidades a todos por el trabajo realizado. Que “La sequedad del estanque” recorra su camino y llegue a buen puerto. Mi gratitud a todos. 


 Genaro González Licea 

Fotografía sin datar  

htts://gglicea.blogspot.com/

 


sábado, 9 de marzo de 2024

"La sequedad del estanque", poemario de Genaro González Licea en la editorial "EL CANTO DE LA ALONDRA"

 

Hermoso diseño 
de Ulises Fierro Naranjo 


Rodeado de la bondad de tantas y tantas almas, está a unas horas de aparecer “La sequedad del estanque”, poemario lleno de mí y de un gran número de alientos que apreciaré siempre. 

La editorial ELCANTO DE LA ALONDRA, elcantodelaalondra@gmail.com, me obsequió la oportunidad de “ser navío” para llevar mis versos al puerto de su destino.

Mi gratitud a todos 


Genaro González Licea 
Fotografía sin datar 



sábado, 20 de enero de 2024

Intervención de Genaro Gonzalez Licea en la presentación de "Raíces del agua" de Benito Balam

 



 “Vengo arrebatar del hocico los códices devorados

las palabras de estuco grabadas en mis bóvedas

vengo a cincelar con extraños augurios

                                      mi rostro que no conozco”.

         Y es así como Benito Balam inicia su caminar como poeta, su búsqueda interior, su encuentro y desencuentro consigo mismo y con el otro, con su presente y su pasado y, sobre todo, con la presencia y fortaleza de una cultura milenaria, de horizonte comunitario compuesto por un concierto de voces, todas ellas con su aroma y su textura, su autonomía y sentido de pertenencia. La antología que aquí se presenta es parte de esa búsqueda y caminar literario y filosófico de vida de Benito Balam.

Su actitud y compromiso de vida de “arrebatar del hocico los códices devorados”, “las palabras de estuco grabadas” en sus bóvedas, y más aún, su actitud y compromiso de construir y reconstruir, de “cincelar”, como él lo llama, su “rostro” que no conoce, su historia, nuestra historia e historicidad que ha sido sepultada. De ahí precisamente el título de mi modesto comentario, incorporado generosamente por Benito en la antología: Benito Balam y la palabra amorosa nacida del subsuelo. En la misma tesitura se ubican las líneas que escribí para la presentación de dicha obra en el Foro Zozobra de la Casa Museo Ramón López Velarde, en Jerez, Zacatecas, mismas que titulé: Las “raíces del agua” o el principio del principio de Benito Balam.

Por supuesto que no repetiré aquí, en este Museo Casa de la Memoria Indómita, lo ahí dicho, sin embargo, sí reiteraré que no estamos frente a un texto cualquiera. Tanto en esta antología como en su obra entera, no existe desperdicio alguno. Y ello es así porque en su obra se percibe una visión de vida, una filosofía del ser, una voz auténtica, autónoma, reflexiva y crítica.

En la obra de Benito Balam hay una búsqueda permanente de nuestras raíces, de nuestro rostro y filosofía propia, de nuestra historicidad y, lo más complejo que existe, hay una propuesta de convivencia de culturas en comunidad, que Benito denomina el “alma indocristiana”. Alma de mil colores, alma maya y universal. Alma que, más que ubicarla como un acto de fe, hay que percibirla como un despertar y construir, en el espíritu de cada quien, con un sentido de equidad y justicia social, con un compromiso de respeto y convivencia colectiva. Incluso, se diría, hay que percibirla como una auténtica formación de identidad y conciencia social, dicho con palabras del propio Benito (materia de otro escrito filosófico/político), con una auténtica “formación de la conciencia nacional de México”, configurada desde la base de la amplia gama de comunidades originarias que integran nuestro país.

Es de agradecer que esta visión de mundo, que de suyo tiene un gran valor, Benito Balam la expone, en esta antología de manera literaria y poética, hermosa y profundamente poética, vía una parte de sus escritos que van de 1976 a 2023. No me casaré de decirlo, Benito Balam es un gran poeta. Un poeta congruente, de canto social y libertario, amorosamente libertario, desde sus orígenes hasta nuestros días.

En toda la obra de Benito Balam hay esta esencia y continuidad, esta savia que no cambia nunca, puede, quizá, cambiar la forma, lo cual es muy lógico con el paso del tiempo, pero el fondo prevalece, además de intacto, aquilatado. Su palabra y compromiso social es el mismo y otro al mismo tiempo. Su savia sigue intacta y, a la vez, mucho más fortalecida. Es la voz del jaguar aquilatado.

Traigo, nos dice, un jaguar que me desgarra dentro: “es un jaguar que apenas cabe / es un jaguar que merodea hiriendo mis paredes / es un jaguar que se revienta… / y se rebosa a litros por mis palabras”. Y concluye: “soy un jaguar de Indoamérica / lo reconozco / a bien salud/ mi respetable herencia”. Esta es la “raíz del agua” de Benito Balam.

Su palabra es vital para acercarnos a nuestro pasado, a nuestra forma de ser, a nuestra raíz de dignidad intacta e inconquistada, sea esta raíz: maya, purépecha, tarahumara, huichol, lacandona, triqui, negra, morena, blanca o castaña. En todas ellas lo que existe es un espíritu colectivo con una raíz de barro. Raíz que, lo repito, tiene mucho que ver con sus y nuestros ancestros, con su dignidad de piedra que nadie ha conquistado.

Agréguese al contenido propio, muy propio, de la palabra de Benito, la riqueza cultural por él bebida de personas de gran compromiso social, y no me refiero solamente al maestro José Hernández Delgadillo, por dar un nombre, sino también a toda una generación cultural con pies de barro: chamanes, campesinos, mineros, albañiles, pintores, escritores, profesores, gente pobre de aquí y de allá, códices petrificados, milpas y mazorcas, estudiantes, madre tierra y padre sol. Las montañas, los ríos y los mares. Los jaguares y el árbol de la ceiba.

Todos están en las “raíces del agua”, en la voz social y libertaria de un poeta que tiene un agudo oído interno, llamado Benito Balam. Hombre generoso que obsequia siempre un puño de luz, una revelación, una esperanza, a todo aquel que a él se acerque. Les aseguro, mis amigos, que el exterminio de nuestra cultura, de nuestro pasado libertario y colecticio, de nuestra historia y espíritu de barro, nunca se llevará a cabo, en tanto existan poetas como Benito Balam.

 

Genaro González Licea

Caloclica, CDMX, enero de 2024 

 


Genaro González Licea 
Fotografía sin datar




sábado, 9 de diciembre de 2023

Genaro González Licea: reconocimiento a don José-María González Ortega, todo un ejemplo de vida.

 

Fotografía del muro de Facebook 
de don José-María González Ortega

 

A José-María González Ortega

 

Soy como un pájaro sin alas

llevado por el viento,

un alma olvidada mirando

su ser adolorido.

 

Amé como un niño el correr del agua,

conocí el fruto del amor de barro,

el hondo amor de navegar desnudo

en esa su piel de arena,

en ese su olor de ola,

tan lleno de sí, tan lleno de mí,

tan ausente ahora, lejana silueta mía,

amorosa neblina que habita en mí.

 

Busqué mi libertad entre luces negras

y lágrimas atadas,

mi cuerpo de entonces se perdió sin verme,

quedó un silencio,

un silencio enlutado dentro de mí:

recuerdos secos colgados de barrancos

y de grietas mías,

sombras que conozco y desconozco,

son de hueso y piedra,

sangre negra en mi sangre endurecida,

resplandor y abandono que crece

y destruye mi ser inacabado.

 

Y es así como mi cuerpo se arrodilló al dolor,

al sabor agridulce de un adiós sin despedida,

más no sucumbí a la muerte,

mi carne enloqueció en mi carne,

carne muerta ceñida de la vida y lo vivido,

misericordia en llagas llevándome al olvido.

 

Desde entonces una parte de mí

me abraza al sentir el frío,

otra, se va como un velero

dejado al tiempo,

ausente, desvalido,

entre espinas y suspiros míos,

que siguen siendo míos

como yo de su abandono.

 

Desde entonces, sí, desde entonces,

amo la muerte que vivo

y la vida que en mis adentros muere.

 

Del libro:

Silencio y abandono de Genaro González Licea

  

Genaro González Licea 
Fotografía sin datar   



lunes, 13 de noviembre de 2023

Reconocimiento de Genaro González Licea al maestro Rodolfo Jiménez Guzmán, académico, psicoanalista y gran persona todo él.

 

Maestro Rodolfo Jiménez Guzmán
Fotografía del muro de Facebook del maestro Rodolfo 



     A Rodolfo Jiménez Guzmán

 

 Rodolfo, amigo, diles a los dioses

lo cansado que estás de ver lo oscuro de la vida

en los ojos del otro que son parte de tus ojos,

la vida, tu vida, nuestra vida,

el sentido inacabado de la vida,

triste, mezquina y desolada,

agridulce y alegre por instantes,

tan solo por instantes.

 

Diles tu deseo de sentir lo plácido del sol,

lo fresco del lago durmiendo en los zarzales,

lo apacible del viento jugando con la escarcha,

el suspiro del agua mojándote los pasos.

 

Díselos, con esa tu sonrisa

carente de odios y temores,

con esa tu fuerza,

tu amorosa fuerza de vivir y mirar

el misterio de las luces y sombras que no vemos,

si no es por asomarnos a lo interno de tus ojos.

 

Y ahí está la revelación del otro yo:

los sueños escondidos

como almas leprosas viviendo su destierro,

los deseos clavados como espinas en la boca,

las culpas arrastradas

como muertos que laten sin olvido,

rostros rasgando las entrañas,

remordimientos llagados sin saberlo,

grilletes y duelos escurriendo entre la herida,

flor de tumores que de tanto sentir ya nada sienten,

pero están ahí, contigo hablan

y chillan y pujan y revuelcan,

igual que los pecados hirviendo

en la cal y la sal de penitencia.

 

Diles que ya quieres descansar un poco,

sentir el aroma de la hierba correr sobre tus pasos,

la neblina enredada en el fondo de tus ojos,

la humildad del camino sintiendo

el silencio de tu sombra,

el renacer del viento,

la piedra de tu ser

hundida en tu propia piedra desolada,

libre, libremente abandonada,

abandono amoroso

de un alma serena y sosegada.

 

Diles que la enseñanza en la vida

no se acaba nunca,

que vivir es un arar sin fondo,

un horizonte sin orilla,

un venero de hallazgos y crujir de tempestades

que nacen y mueren

como brisa perdida sobre el mar,

plenitud del ser, del sentido de tu ser,

en el andar de tu camino.

 

Díselos, díselos tú,

porque yo soy egoísta

y no quiero que descanses,

ni dejes que los naranjos

crezcan alejados de tu sombra,

y mucho menos que en las semillas

de futuros follajes coloridos,

aniden cadáveres atados,

culpas y miedos escondidos

al no escuchar tu voz.

 

Rodolfo, amigo,

sé que los dioses te escucharán.

Diles que quieres descansar un poco,

díselos, díselos tú,

porque yo soy egoísta

y no quiero que descanses.

 

 

Del libro:

Silencio y abandono de Genaro González Licea



viernes, 20 de octubre de 2023

Reconocimiento de Genaro González Licea a don César Molina Enríquez



Fotografía de Ingrid L. González Díaz  


 A don César Molina Enríquez

 

Regresaré a las montañas,

a los campos apacibles

que ungieron mis pies

con el rostro del polvo y las espinas.

 

Caminaré por esos amaneceres

que nunca me dejaron,

veredas verdes y llorosas de neblina,

riachuelos de mi alma cantando al viento,

a las piedras con su olor a pino,

a silencio, soledad y esperanza mía.

 

Regresaré a las montañas,

a sus murmullos de estrellas

soñando entre las sombras,

sombras libres, dulces y serenas,

como esta mi alma al tocar el tiempo.

 

Del libro:

Silencio y abandono de Genaro González Licea



miércoles, 4 de octubre de 2023

Genaro González Licea: Enrique González Rojo Arthur, voz permanente en la voz de todos

 

Fotografía de Ingrid L. González Díaz


Los segundos sábados de cada mes

se han vuelto un permanente

caminar de cualquier día,

una voz interior, mi voz, tu voz,

la voz del otro que es a la vez mía.

 

Voz de permanente eternidad

que viene y va, y está y ya no está.

 

Voz que brama, abraza, cobija y descobija,

concierto de voces habitando el infinito,

la plenitud del silencio con su tono ronco,

el libre abandono de relámpago perdido,

la voz fraterna y amorosa,

que hoy, cinco de octubre,

me recuerda el principio del principio,

el nacimiento, del siempre amigo:

Enrique González Rojo Arthur.

 

Del libro:

Silencio y abandono de Genaro González Licea

 

Fotografía sin datar