miércoles, 12 de julio de 2023

Genaro González Licea: Jesús Nava, su poesía al caminar, palabra en imagen

 


Fotografía de Jesús Nava, con estas sus palabras: 
"Caminamos para seguir siendo, para no olvidar, 
y llevando siempre a quienes atesoramos"


JESÚS NAVA, SU POESÍA AL CAMINAR, PALABRA EN IMAGEN

  

Mis dedos

levantando la fotografía

ponen ante mis ojos

un mar que carga a las espaldas todo el cielo

como Atlas sudoroso que intentase

cargar el infinito.

 

Enrique González Rojo Arthur

El viento me pertenece un poco

 

Imágenes entrelazadas con palabras en los ojos, y una gran creatividad artística que grita al sentir su libertad, son, me parece, dos de las tantas expresiones que bien pueden describir el alma de Jesús Nava, sensibilidad artística incuestionable, forjada a la intemperie, como el caracol sorteando el vendaval.

            Su fotografía expresa la fuerza creativa de un manantial que extiende sus ramas por bosques y llanuras hasta empapar el mar, es la fuerza solitaria del agua que abraza a un sol entristecido, amoroso, huérfano de egoísmos y alegre de pisar esta tierra que renace de sus ruinas.

            Fuerza y coraje de caer y levantarse, son imágenes constantes que encuentra en su camino. Imágenes del hombre que camina de aquí para allá y a todas horas, sin importar duelos o tristezas, senderos empedrados o zanjas con huesos y cruces olvidadas.

            Su fortaleza y sencillez es la de un árbol, Jesús Nava es la mirada artística de un árbol, mirada milenaria que nos ve pasar y, al mismo tiempo, nos recuerda la belleza de un mundo que no vimos: zapatos rotos de tanto caminar, rieles muertos con el tiempo, nubes oxidadas sin llorar, charcos enfermos de estar presos, lodosos ya de tanto despertar con larvas que nacen con la luna y libélulas sonrientes que se van.

Sus imágenes son luciérnagas que no vimos al pasar, ciegos que somos ya, de tanto mirar lo que no existe. Son imágenes que se incrustan en los ojos, en el eco de tantos y tantos versos, entre ellos, por ejemplo, estos que él mismo me recuerda y ya no sé si fui yo el que los escribió o fue él mismo sin saberlo, están en Caloclica, la casa del camino: “la vida es una travesía /donde una y otra vez caigo y me levanto. /Es un olor a tierra sepultada, /a surcos rasgados por el tiempo /y mis pies como cuchillos /se clavan en el aire”.

            Otros más, también de Caloclica, pueden ser aquellos que recordó al capturar la voz del agua, su murmullo, su júbilo y dolor al buscar en los cauces su camino y, después, la calma: “una voz de piedra se hunde /conmigo más allá del río. /Las horas pisan mi sombra, /veo el rostro de la muerte tan claro como el mío. /Una sonrisa se despega de mis ojos / y se diluye en la quietud del agua”.

La sensibilidad de Jesús Nava es enorme, tanto como su independencia y libertad. Hay en él un viejo recuerdo tirado en la memoria, imágenes muy suyas que me llevan a sentir el dolor de la poesía, la metáfora triste que se queda arrinconada en versos que no existen. Versos que Jesús los llena de esperanza al llevarlos a la pupila, a ese mar, diría González Rojo Arthur, “que carga a las espaldas todo el cielo”, a ese, en fin, cuadro fotográfico de un ser vivo que los mira, los palpa, los hace suyos, dialoga con ellos y con su “yo” que está en el otro, en el ser del inconsciente que los mira.

De esta magnitud es la grandeza de nuestro artista, el cual, como todos, tiene en la cultura un espacio que es muy suyo y de nadie más. Sus imágenes, sus fotografías, sus escritos y creatividad inagotable, son y serán el aula de miles de personas, como yo, que requieren un sonido, un canto, una voz, una expresión visual que les muestre la belleza de un mundo que a los ojos y los pies pasó inadvertido. De ahí mi gratitud y este humilde reconocimiento:

 

En mis pies envejece ya el camino,

mi alma tambalea y se dirige a cualquier parte,

en mí ya no importa morir con los dientes astillados,

a pleno sol, o en lo negro de la luna.

Es inmenso mi vivir en desamparo,

abarca lo que soy y lo que nunca he sido,

a los árboles más secos y a las nubes que se van.

 

Mi alma está encharcada en su propia sepultura,

su espacio está en la tierra,

es mío, nada más que mío, y de nadie más.

 

            Como dije, reconozco sin titubeos la creatividad artística de Jesús Nava, su sensibilidad, para mí, se escribe con un punto y aparte, y el lo sabe. Ha luchado, como todos, por defender y construir su voz, su libertad y estilo propio, ante la turbulencia interna y externa que vivimos. Déjame esta voz que tengo, diría don Luis Cernuda, “lo mismo que a la pampa le dejan/ sus matorrales de deseo, /sus ríos secos colgando de las piedras”, y el poeta concluye fijando con clavos la dignidad de sus adentros: “no quiero saber de la gloria envidiosa/ con rabo y cuernos de ceniza”.

            Esa lucha de Jesús Nava al construir y defender su voz contenida en él y plasmada en su obra, es todo un ejemplo y enseñanza para mí. La gloría (o el fracaso, si se quiere), tiene, efectivamente, “rabo y cuernos de ceniza”, es algo exógeno y azaroso que no depende, en esencia, de él, del artista, sino de su obra. El artista, se diría, centra su fuerza en expresar su visión de mundo en su obra y en nadie más. En ella plasma miedos y temores, sombras y luces, tristezas y fantasmas que ve y siente al caminar, al “senderear” por la vida como el mismo diría.

Su obra, como la de todo artista, escritor, poeta, es su llanto en carne viva, su agradecimiento íntimo, muy íntimo de él para su propia obra, es su grito para no explorar como mar embravecido hundido entre sus venas, es silencio, escondido o al descubierto, mordido entre los dientes, brisa llorosa del viento en madrugada, brisa sola, muda, suspirando hacia adentro de los adentros más profundos que braman con su voz engarrotada, pero viva y lista para perderse junto al sendero del calor del día. Lista para seguir, seguir, seguir y evitar ser atrapada como fantasma de coral enterrado entre la arena, como un sapo llagado entre la sal.

Gracias a su obra el artista, nuestro artista, los escritores, pintores y poetas, no explota o enloquece. Su obra es un trago de agua para sortear tempestades y contratiempos, que le permite salir después, raspado o ileso, a seguir mirando y sintiendo la turbulencia del alma en el camino. Los miedos, temores, tristezas, esperanzas y desesperanzas, son tan humanos como los pasos de cualquier persona que son, al mismo tiempo, nuestros pasos. Al final, todo, sin excepción alguna, queda plasmado, directa o indirectamente, en lo que somos, en lo que hacemos, en la obra que construimos y dejamos. Para el artista, entonces, no existe el éxito o fracaso, ¿cuándo uno y cuándo otro?, ninguno de los dos depende de él, dependen del otro, del otro que nos mira, incluso, se diría, dependen del tiempo.

Lo que depende del artista, por tanto, es plasmar, en su obra, lo más auténticamente posible el sentir de su mirar, de su “senderear” interno y externo. La obra poética, escultórica, fotográfica o pictórica, vive, en realidad, por sí misma. Cuestión que me lleva a recordar las siguientes líneas que don Carlos Castilla del Pino plasmó en el prólogo del libro Poemas de la seguía, de Juan Sánchez de Miguel, 1979, Ediciones Demófilo, Córdoba, España:

“La obra poética, como en general toda creación, vive por sí misma, con independencia del propio creador. Es ya, una vez que ha sido hecha, obra de los demás, que se recrean en ella. Por eso no importa tanto lo que el poeta puedo querer comunicarnos cuanto lo que los demás descubrimos en él, sin que quizá fuera por él descubierto”.

            Esta expresión del artista la veo claramente en don Jesús Nava, de ahí su dimensión y fuerza. Su obra, su creación, al plasmar lo que él estima sustancial de sí mismo y de su “senderear” de vida que, al mismo tiempo es de todos, vive y vivirá por sí misma y, por tanto, es al otro, al que mira, al que toca descubrirla.

 

Del libro: 

Diciembre tres, ceniza e infinito de Genaro González Licea 


Genaro González Licea 
Fotografía sin datar



martes, 11 de julio de 2023

Genaro González Licea: caminé por lugares donde las almas lloran

 

Genaro González Licea
Fotografía sin datar


Caminé por lugares donde las almas lloran,

rodé como piedra en mi interior vacío,

mi cuerpo en silencio se desnudó en la hoguera,

fui carne astillada con mis propios huesos,

grito encendido con mi abandono,

estanque sediento buscando el mar.

 

Quemé mi piel al abrazar al viento,

fui ceniza tendida en calladas sombras,

aullido de brasas bailando en humo,

suspiro zurcido de tanto amar.

 

Mi dolor y tristeza de pie murieron,

ciegos ahora buscan mis pasos,

la quietud del llano, mi sombra vacía,

el olor sereno de mi despertar.

 

 Del libro

Silencio y abandono de Genaro González Licea

 


sábado, 8 de julio de 2023

Genaro González Licea, las Raíces del Agua o el principio del principio de Benito Balam


En la amada casa de don Ramón López Velarde,
en Jerez, sí, en Jerez, Zacatecas  




LAS RAÍCES DEL AGUA O EL PRINCIPIO DEL PRINCIPIO DE BENITO BALAM


En las raíces del agua o el principio del principio de Benito Balam, el alma encarnada, viviente, lúcida de José Arturo Fuentes Creollo, veo el brillo de una sombra en pleno alumbramiento.

La aurora juega con la aurora, la neblina cae como el tiempo, mis manos lloran al sentir la soledad del agua, del agua desnuda que recorre el suelo y el subsuelo de la tierra, las entrañas de la vida y el silencio de la muerte. A su paso nada queda atrás, con ella crece la esencia del tiempo, del alma del tiempo, tuya y mía, donde iremos todos.

Alma negra, blanca y cristalina, alma indocristiana, alma maya y universal del “kairós” vivo de cada quien, del “kairós” que crece y se modifica, una y otra vez para ver nuevamente su pequeñez, su miseria y su grandeza, ante sí mismo, ante el infinito, ante, nos diría nuestro Benito, los “vivos, los difuntos; y ante nuestra madre tierra, los demás seres vivos y el cosmos”.

El agua, la sequedad y la humedad del agua, el agua que es otra y la misma en un aquí y en un allá. Somos agua y movimiento, sangre seca que humedece la voz de la conciencia, alma errante que corre atrás del agua, buscando, buscando siempre, la raíz de su principio, del principio del principio que encierra su silencio, su esencia, su voz y su vacío, el silencio vacío que origina al verbo, el murmullo del correr del agua, canto lloroso, instante de amor y despedida.

         En las raíces del agua, en el misterio del abandono, del vacío y la soledad del agua que fluye y transforma al ser, al ser cambiante que integra la voz del infinito, miro también las heridas de un Benito Balam que camina con su voz inacabada, las llagas internas de un alma que busca, llagas mortales cubiertas de sombra, de instantes que nacen al fondo del ser, al fondo de la conciencia desnuda del ser, del ser que siente, en sus pies, la cruz de su sendero.

Veo el testimonio de un andar personal y literario de un hombre que busca caminar en libertad, de un hombre que nace al verse desnudo frente a sí mismo, solo y en pleno desamparo. Su alma frente a la orfandad del alma.

Sí, las raíces del agua son instantes de parto, expansión de conciencia en las entrañas, fuerza de un viento que crece con el viento, con el alma del otro unida al cosmos, al silencio del silencio que acompaña el andar del agua. Son un mirar interno, de vida y literario, un diálogo concreto, transparente y fresco como la sangre que tenemos, como el alma del nahual que está en los pies de todos, en las grietas del silencio, en la voz ahuesada que clavamos al andar de nuestros pasos.

Y es así como laten las piedras angulares que forman la conciencia del ser a lo largo del camino. Sorbos de agua que reviven la sequedad del alma, revelaciones que marcan el sendero, la confluencia del ser y lo que somos, el amor hundido en los ojos de la tierra, en la soledad del cosmos amando lo blanco y negro de la luna, la muerte de las hojas, lo alegre de las flores, el eterno renacer del hombre, del ser que camina astillado de sus huesos y canta sin dolor el dolor de las espinas.

         Cinco partes conforman las raíces del agua, todas ellas son un gran alumbramiento, una antología de la expansión del ser y su conciencia, una ventana poética que permite asomarse al alma del poeta y de su pueblo.

Benito Balam nació de la tierra y del sol, madrecita tierra y padrecito sol, ambos fueron la carne que le dieron vida, ambos lo crearon con su voz y su poesía, en él viven y cantan y perduran y perdurarán por siempre, son su ser y su conciencia, su pasado en el presente, silencio de piedra y fluir de agua, alumbramiento primigenio que siempre se asoma y asomará en el hueco de sus sienes.

Padre y madre son y serán siempre, entrañas de hierro y barro que lo formaron y le dieron voz y alas para emprender un canto en libertad. Esas raíces son, para mí, las raíces del agua. Dolor de un destino que marca un caminar, una huella de pasos buscando la cruz blanca que un día alguien vio al centro del camino.

         De este alumbramiento de piedra y agua del poeta, llegaron otros y otros más, “fruto de nuestra circunstancia” como él señala. Uno de ellos, por ejemplo, nuestro poeta lo relata así:

“Hará como diez años, en tierras de mis abuelos mayas, cuando comprendí que Yucatán era mi verdadera cuna, mis primeros sembradíos poéticos fueron diseminados por los vientos acústicos del mar y la calcárea blanca de mi pequeña patria. Ahí aprendí los matices de los árboles, el temperamento de las aguas subterráneas y el bullicio de los animales vivos y sin celda. No imaginaba yo el hervor que me envolvería, cada vez que me encontraba alguna huella de mi origen, porque nadie se conoce solamente por lo que es, sino el cómo fue concebido. Una y otra vez las gargantas de las hojas y los imperceptibles vuelos de los insectos germinaban en mí palabras que no entendía”.

         Aflora el poeta y el compromiso del poeta desde entonces a la fecha, los ojos de la poesía o la poesía como testimonio, el cuerpo de su cuerpo de su otro cuerpo, cráneos regados y maltrechos, “silencios encontrados en tumbas y en rosario”.

         Y otra vez aparece Quetzalcóatl, aquel que “bajó al Mictlan/ en el vientre de la tierra/ con una antorcha/ con una lámpara de luna”. “Confió que el fuego/ iluminaba la conciencia del hombre/ pero no fue así/ porque también son amarillos los perros/ y blancos los colmillos del jaguar”.

Pero también aparece Tonantzin Guadalupe, una expresión indocristiana al cual nuestro poeta entrega su polvo y su conciencia, su flor y canto, su raíz de agua indígena, su voz amamantada de maíz, su canto de ave entregado, como el expresa, “al alma indocristiana de nuestros pueblos para que alcancen su nueva emancipación”.

         Las raíces del agua es una antología poética hermosamente custodiada por simbólicas ilustraciones de José Hernández Delgadillo y Alberto Cerritos, cuestión que merece todo un comentario aparte que en otra ocasión haré, pero, sobre todo, es la voz propia de un poeta, de un poeta de verdad, que cae y se levanta con ese espíritu heredado con la luna y el sol de sus ancestros, dignidad de piedra, que nadie ha conquistado. Es un poemario de amor a la vida, a los otros y así mismo, una serena ternura al amor, ese amor “indispensable/ importante/ y urgente / ¡oh, amada! /abrazo tus labios/ con los míos”.

 

Genaro González Licea

Caloclica, Ciudad de México, 7 de julio de 2023.

 

Genaro González Licea 

fotografía sin datar




sábado, 24 de junio de 2023

Genaro González Licea: la piedra de mi abandono

 

Autor: Esteban Eduardo Guerreiro 
Maqueta para una Moneda de Oro
Grafito y tinta sobre cartulina 
y tamiz de Luz del Mediodía 


Un privilegio que don Esteban Eduardo Guerreiro me dedicara esta hermosa obra de arte, 

y un gusto que acompañe las siguientes líneas:   


La piedra de mi abandono

está sobre un pedestal de arena,

sobre un recuerdo enterrado

y unas lágrimas atadas,

un sueño de caracolas abrazándose en el agua,

y un silencio desnudo amando la soledad del mar.

 

La piedra de mi abandono

está en mi sombra vacía,

en el despertar del día

y en las nubes que se van.

 

Del libro:

Silencio y abandono de

Genaro González Licea




jueves, 15 de junio de 2023

Genaro González Licea: HAIKU BARCELONA PREMIA LA POESÍA DE MARTHA OBREGÓN LAVÍN

 

Pintura de Martha Obregón Lavín
Fotografía sin datar


HAIKU BARCELONA PREMIA LA POESÍA DE MARTHA OBREGÓN LAVÍN

  

De plata y oro,

el polvo iluminado

muere en la sombra.

 

Martha Obregón Lavín

Cuenco de lluvia. 100 haikus ilustrados

 

 Como el calor de la brasa en el frío invierno, sutil, penetrante y lleno de amoroso abrigo, así es la poesía de Martha Obregón Lavín en los ojos del alma. Es una delicia leerle. Su calidad poética y trayectoria literaria le avala con creces. Trabajo, trabajo y trabajo es su constante.

         Trabajo que le reconocemos todos, que le reconoció Haiku Barcelona al otorgarle, en el ámbito de haiku en castellano, una distinción muy merecida a su trabajo literario. Gran alegría ha producido este reconocimiento internacional al trabajo poético de Martha Obregón. Mil felicidades Martha, tu trabajo y gran sensibilidad te respaldará siempre.

El haiku galardonado de nuestra poeta es el siguiente:

 

Mirar la luna

escuchar el silencio

que la circunda

 

Mi felicidad se redondea al observar que, en este mismo evento, pero en el ámbito de haiga (haiku y fotografía), también fue reconocido Eduardo Obregón Lavín, hermano de nuestra poeta y persona muy estimada por mí, con una hermosa imagen en blanco y negro y el siguiente poema:

 

Un hombre pisa

nervaduras de luz

y es casi sombra

 

Agregaría, si me permiten, unos poemas inéditos de Martha Obregón Lavín que, a reserva de su revisión final por ella contemplada, en lo personal me generan y proporcionan una gran reflexión y enseñanza, una brasa en el alma, como dije.

Es el caso de los siguientes tankas que escribió nuestra poeta:

 

Un hombre va

y se adentra en la niebla

siembra palabras

 

florece cada sílaba

su sombra es luminosa

 

v  

 

Siempre emergiendo

tumbas en el olvido

contradicción

 

Son memoria imborrable

presencias del presente

 

Sería el caso también de este senryü:

 

Al mismo paso

en círculos caminan

vida y muerte

 

Y este haiku, al cual acudo una y otra vez. Acompaña la soledad de mi alma, mi viaje en este mundo, mi sombra que se aleja, lo efímero que soy, que somos:

 

Hojas caídas

como muertos sin tumbas

de pronto vuelan

 

Agregaría también tres poemas de Obregón Lavín, que forman parte de los haikus vampíricos concatenados, ya publicados en la revista literaria Taller Igitur.

 

Sobre hojarasca

un nido ya sin aves,

sólo una pluma

 

v  

 

Un vuelo efímero

de oscura travesía,

nocturna nube

 

v  

 

En cuello y pecho

las ramas encarnadas,

árboles negros…

 

Admiro de nuestra poeta su forma tan sencilla y natural de ver el mundo, su finura para contemplar el instante, el movimiento sensible de las cosas, de la acción, en general, de la vida cotidiana. No encuentro en ella un lenguaje artificial o acartonado, sino, por el contrario, una expresión genuina, auténtica, sincera, que nos remite a una imagen estética que deja honda huella, un instante de contemplación reposando en el iris de los ojos:

 

Huye el sol

dejando todo quieto

sobre los árboles

 

         Es mucha la capacidad creadora de nuestra poeta y pintora, maestra siempre. Se conmueve y nos conmueve al contemplar la luna, las lombrices, el andar del asno con su carga o el arcoíris tras el maizal.

 

Arrean al asno,

pesa mucho su carga.

Un niño llora

 

v  

 

Tras el maizal

se mira el arcoíris.

Canta un cenzontle

 

         Su sensibilidad encierra, en sí misma, una expresión de asombro, una contemplación que despierta los sentidos. Uno siente el olor de la flor cortada sobre la sequedad del suelo, el canto del grillo y su silencio al alba, o el aroma del naranjo invadiendo las paredes de la casa. Sus palabras son un todo en armonía, una expresión natural de asombro.

 

La flor cortada

despide su esplendor

sobre el suelo seco

 

v  

 

Noche colmada

por el canto de un grillo,

silencio al alba

 

Martha, nuestra poeta, al escribir dibuja, se maravilla y nos maravilla al contemplar la lluvia y las épocas del año, celebra su ida o su llegada con la sorpresa y amor de alguien que aprecia profundamente el significado y sentido de la vida. Nos hace sentir el espíritu que la propia naturaleza tiene y nos da. Lo frío de la escarcha, el amor de invierno y primavera, el florecer de los geranios y amapolas, el sol cobrizo del otoño descansando en las ramas de un árbol cualquiera o el paso de las hojas siguiendo el fluir del viento.

 

Siempre en el bosque

la verde lejanía

es luz violeta

 

v  

 

Con la marea

se borra toda huella.

Corren cangrejos

 

v  

 

Desesperanza:

un pájaro se pierde

al horizonte

 

Sí, nuestra poeta al escribir dibuja, sus pinceladas tienen la sutileza del viento, la fuerza del agua, el silencio de piedra mirando la cascada, el sol, el tiempo. Pinceladas sencillas, ligeras, repletas de vida y vivacidad. Trazos cortos, intensos, que asoman, como el alba, el amanecer del día, lo sorpresivo e impredecible del día. Líneas estéticas de colores y palabras suaves que nos llevan a un interior en armonía, a un sentir y mirar la belleza del instante, el irrepetible instante que encierra el asombro de la vida. Y ahí está, entre otros, su libro Cuenco de lluvia. 100 haikus ilustrados, con sus trazos breves y profundos, acompañando la expresión contemplativa que encierra la palabra. Su arte es creación en partida doble. Su pintura es un haiku y, al mismo tiempo, su palabra es toda una pintura, una maravillosa pintura que ilustra e ilumina la línea en blanco que asoma el sentir del alma, la esencia del poema que, como el “polen del ser”, respiramos todos.

 

Polen del ser

“la nada es un instante”

vida en la muerte

 

         La reflexión de la vida y la muerte, la permanente y natural reflexión de vivir y morir no es ajena a nuestra poeta, como tampoco lo fue a Basho: “de viaje, enfermo: /mis sueños vagan /por los eriales”, o al gran Banzan, a Kumazawa Banzan, que expresa con maestría el asomo del ser al contemplar lo profundo y natural que significa el instante de vivir y morir al mismo tiempo: “Adiós… /Acabo como todo acaba /rocío en la hierba”. La muerte, la muerte vista con la naturalidad de la propia vida inmersa en la muerte. La vida y la muerte son latidos irrepetibles de alumbramiento. El acto y el misterio de estar y ya no estar en este mundo. No encuentro palabras que traduzcan el misterio de la vida y de la muerte, la muerte es muerte, igual que la vida es vida, instantes de iluminación y alumbramiento intraducible. Hay serenidad para vivir la vida y aceptar la muerte, el hombre se prepara para vivir y morir, su visión de mundo encierra, a su vez, su forma de despedirse, su camino que le llevará a su silencio, a su permanente y único silencio. Martha Obregón Lavín se asoma a estas piedras triangulares de reflexión con esa sencillez muy suya, de la siguiente manera:

 

Cierro los ojos:

“un silencio en el agua”

es vértigo oscuro

 

v  

El viento suave

jugando entre las manos

suspiro de agua

 

         Reflexión y sencillez que se confirma, entre otros, en dos hermosos haikus que Martha dedicó al gran poeta Enrique González Rojo Arthur, poeta del eterno deletrear del infinito, de la esperanza, la dignidad y la resistencia cotidiana, los cuales cito a continuación:

 

Poeta eterno

del ser del infinito

ser deletreándose

 

v  

 

Del infinito

el dorado fulgor,

polvo y cenizas

 

         Lo digo nuevamente, la pluma de nuestra poeta es, a la vez, un pincel capaz de dibujar la esencia de las cosas, la contemplación del instante y los múltiples detalles que envuelven a la vida cotidiana y que, en gran parte, hemos dejado de ver. La poeta de Mi libro de haikus, con gran sencillez nuevamente nos remite a observar y respetar la belleza de la naturaleza, el efímero devenir de estar y ya no estar, a la musicalidad, cadencia y armonía que comprende la vida misma. Su maestría es grande, nos muestra sin dobleces y gran sinceridad su visión de mundo. Recuerdo aquí, por ejemplo, su forma, sencilla, profunda y sin dobleces, de expresar la fuerza de la mujer campesina que trabaja cosechando y recolectando lo sembrado. Imagen que perdurará por siempre en todo aquel que lea su siguiente poema:

Siempre encorvada,

sembrando, recolectando

mujer de campo

 

Mi agradecimiento a Martha Obregón Lavín es mucho. Su fuerza poética y calidad humana es una enseñanza siempre. Me invita, nos invita, a continuar este camino sin importar las adversidades que al paso uno encuentre. Todo el día, nos dice, “mi sombra me acompaña /vieja y disminuida/ soy mi sombra. /En medio de la noche /nos separamos. /A dónde va mi sombra /a dónde voy sin mi sombra”. Hay que seguir, seguir, seguir, “tal como los pájaros siguen trinando después de la tormenta”.

     

Genaro González Licea

Caloclica, CDMEX, junio 2023.

  

Genaro González Licea
Fotografía sin datar



viernes, 9 de junio de 2023

Genaro González Licea: libertad

 


Genaro González Licea 
Fotografía sin datar 


Libertad,

lleva un suspiro de mí a la orilla del lago,

lloraré contigo tu grandeza en mí,

tu silencio sin ancla y sin alas,

tu brisa, callada y serena,

agitando la suavidad del viento,

las hojas del árbol, el sol en la piedra,

la pureza del agua.

 

Llévame hasta ahí, llévame.

Lo bresco del alba

será el amor y el desamor

de mis párpados bañados

con lo pardo de la luna,

será mi libertad mirando su abandono,

el oleaje de un sueño, la sonrisa de un lirio,

el alma del limo. 


Del libro Silencio y abandono 

de Genaro González Licea 


Fotografía de Ingrid L. González Díaz