viernes, 18 de junio de 2010

Igualdad Salarial: A propósito de la discriminación en la retribución a trabajadores y trabajadoras

María del Consuelo Núñez Martínez
Magaly López Nova
Genaro González Licea*
A manera de presentación
En el presente trabajo se abordará el tema de igualdad salarial, a propósito de la discriminación en la retribución a los trabajadores y trabajadoras. Específicamente, la problemática se centra en la igualdad entre trabajadores masculinos y femeninos en materia de condiciones de empleo. El problema jurídico planteado se localiza en la sentencia del Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea de 15 de junio de 1978. Gabrielle Defrenne contra Société Anonyme Belge de Navigation Aérienne Sabena. Por cuestiones de agilidad en la referencia en lo subsiguiente lo ubicaremos como el caso Defrenne-Sabena.
Dicho caso, cuyo tema se refiere a la igualdad salarial y condiciones laborales, comprende varias aristas de estudio que es importante abordar en este Taller de Discusión Jurídica de sentencias internacionales relevantes, organizado por la Coordinación General del Programa de Equidad de Género del Poder Judicial de la Federación y la Unidad de Enlace de la SCJN.
Sin duda, de ninguna manera estamos aquí para “ponerle el paño al púlpito”, como se dice coloquialmente cuando se presentan expertos en la materia. El objetivo es mucho muy modesto, a riesgo, incluso, de que este recinto quede vacío.
Lo que pretendemos al exponer el tema es abrir un diálogo con ustedes y entre nosotros mismos, sobre el contenido de la sentencia. A partir de ello, esperamos generar inquietudes y reflexiones, con menos riesgo de descontextualizar el contenido de la sentencia.
En el entendido, dicho sea de paso, que si bien la sentencia constituye la resolución más importante de todo el proceso judicial, al estudiarla a través de un fallo concreto, como lo es el presente caso, dicho fallo “no es un mero ejemplo de la aplicación de la ley, cual pude ser la caída de mi lapicera al suelo un ejemplo de la ley de gravedad. Un fallo no es un ejemplo de aplicación de la ley o de la Constitución sino una realidad gracias a la cual la ley y la Constitución existen y existen con ciertas modalidades, y con ciertas consecuencias y aspectos no expresados en ella. Una realidad en la cual la ley se “recrea” cada vez con más riqueza de circunstancias.”[1] Una sentencia, concluye Genaro R. Carrió, no se dicta en el vacío sino en una realidad social a la que pertenecen sus jueces, y que tácitamente orienta su decisión.

* Taller de Discusión Jurídica de sentencias internacionales relevantes, organizado por la Coordinación General del Programa de Equidad de Género del Poder Judicial de la Federación y la Unidad de Enlace de la SCJN.
[1] Carrió R., Genaro, Recurso de Amparo y Técnica Judicial (análisis crítico del caso “Kot”, Ed. Abeledo-Perrot, Segunda Edición aumentada, Buenos Aires, Argentina, 1987, p. 9. El caso “Kot” se refiere a la ocupación de una fábrica , cito al mismo autor: El 21 de marzo de 1958 se suscitó un conflicto laboral entre la firma “Samuel Kot S.R.L.” y su personal obrero. Dicha firma posee un establecimiento textil en el pueblo de Villa Lynch, Partido de San Martín, Provincia de Buenos Aires. El 28 de marzo la huelga fue declarada ilegal por la Delegación San Martín del Departamento Provincial del Trabajo. La firma dispuso la concurrencia de los obreros al trabajo dentro de las veinticuatro horas, con excepción de dos delegados. Un mes y medio después el presidente del Departamento Provincial del Trabajo declaró nula la resolución de la Delegación San Martín e intimó a patronos y obreros a reanudar las tareas. Los primeros se negaron a reincorporar a los obreros despedidos. El 9 de junio la fábrica fue ocupada por parte del personal, entre ellos los obreros despedidos. A partir de ese momento el establecimiento quedó totalmente paralizado: los patronos podían entrar al mismo y sacar objetos, siempre que dejaran constancia escrita, no así el personal de administración y los capataces.

Urge replantear el marco legal y constitucional de las fuerzas armadas mexicanas

Genaro González Licea*
A Ricardo Guzmán Wolffer,con mi reconocimiento y gratitud
Es urgente replantear el marco legal y constitucional del Ejército, Fuerza Aérea y Armada de México, de ello no tengo la menor duda. La participación cada vez mayor del sector militar conlleva, necesariamente, a reformar el artículo 129 constitucional, “en tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar. Solamente habrá Comandancias Militares fijas y permanentes en los castillos, fortalezas y almacenes que dependan inmediatamente del Gobierno de la Unión; o en los campamentos, cuarteles o depósitos que, fuera de las poblaciones, estableciere para la estación de las tropas”.
Estoy por un Estado de derecho donde nada ni nadie, ni el propio Estado, se ubique por encima de la constitución, de la legalidad. Hay que subrayar las palabras. Ninguna institución, mucho menos las fuerzas armadas mexicanas, debe actuar fuera del marco legal. Si es tanta la fuerza y credibilidad social del ejército mexicano, si el Poder Ejecutivo ya no cuenta con otra instancia que asegure enfrentar al crimen organizado, inseguridad social, por decir un ejemplo, entonces, insisto, lo más pertinente es reformar el artículo 129 constitucional.
Una posible reforma sería: “La misión de las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, es garantizar la independencia y soberanía de México, así como defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”. Con lo anterior, ya no solamente se le permite a la fuerza militar salir de los cuarteles en tiempo de paz, sino además, regularizar su actuar nacional en territorio mexicano precisamente en tiempo de paz.
Sin embargo, si el hecho anterior es importante, no menos lo es el que se le dé una función constitucional a las fuerzas armadas mexicanas y, con ello, se les incorpore en forma abierta, madura, al proceso de democratización del país.
¿Por qué el poder constituyente, ante una realidad radicalmente distinta a la nuestra, la del genoma humano en toda su expresión, decidió que la misión de las fuerzas armadas mexicanas, “defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación, así como garantizar la seguridad interior”, estuviese en una ley reglamentaria y no en la constitución? Pregunta apasionante. La respuesta es una lección, encuentro y desencuentro con un momento histórico, tiempo y circunstancia, distinto.
Por otra parte, es importante señalar que los argumentos que sustenten la respuesta a la pregunta anterior, nos lleva también, como consecuencia lógica, a lo siguiente: en estos momentos la sociedad mexicana con lo que realmente cuenta es con unas fuerzas armadas de gobierno, más que de Estado. Planteamiento nada sencillo, teniendo en cuenta, por una parte, que el reclamo social es la necesidad de contar con unas fuerzas armadas de Estado y, por otra parte, que las instituciones militares saben que para lograrlo es menester replanear sus columnas vertebrales operativa y normativamente hablando. La disyuntiva es clara, seguir como ejército de gobierno incrementa la posibilidad de que contemos con unas fuerzas armadas heridas en su amor propio. Se fortalecen en sí y para sí, pero se alejan de la defensa del pueblo mexicano, en el cual reside esencial y originariamente la soberanía nacional.
Seguramente es difícil aceptar que mientras la soberanía se desmorona y se afianza al mismo tiempo para un grupo social reducido, la gran masa de ciudadanos agoniza entre la pobreza y la inseguridad.
La sentencia es clara, si en estos momentos por soberanía nacional se entiende el concepto amurallado que nació de las guerras mundiales, el cual engloba la participación de fuerzas políticas, militares, económicas y sociales para defender y garantizar la tranquilidad nacional, entonces este país difícilmente verá un día una real democracia.
Efectivamente, la seguridad interior y la defensa exterior de la nación requieren de la existencia de un poder armado. El Ejército es un órgano concreto del Estado que exterioriza del poder del mismo Estado, en él recae y se ejerce su fuerza.
Ahora bien, las cosas se complican cuando ambos conceptos se interrelacionan jurídica y doctrinalmente, pero no en abstracto, sino en la dinámica de un contexto determinado, lo cual se traduce, por una parte, en un Estado cuyo comportamiento, social, político y económico es marcadamente globalizante y, por otra, en una sociedad hundida en la economía informal, en el desempleo, en el deseo de reencontrarse con ella misma y con sus instituciones; una sociedad condicionada por el comportamiento mediático y secuestrada de su verdad histórica por los aparatos ideológicos de Estado
Así, en el caso de las que las Fuerzas Armadas mexicanas, el centro de la reflexión es el papel que deben jugar como institución entre las instituciones y como institución ante la sociedad. Contar no solamente con unas Fuerzas Armadas de instituciones, sino también de Estado. Ello significa tener una lealtad tanto a las instituciones como al poder civil al cual se deben, ambas cuestiones, por supuesto, dentro de un Estado de Derecho. Esta conjugación constituye un punto de vital importancia para abordar, en serio, la relación de las Fuerzas Armadas y la seguridad nacional en nuestros días.
Finalmente, con respecto a la tendencia globalizante de México, en múltiples ocasiones he dicho que globalizar no significa transportar conceptos jurídicos de un lugar a otro, de un escritorio a otro; tampoco significa transportar capitales, culturas e ideologías de un continente a otro, como si fuera kermés. Globalizar procesos económicos, comportamientos sociales, así como conceptos o doctrinas, sean estas jurídicas, políticas, económicas o militares, significa reproducir tendencias, comportamientos de determinados patrones de conducta, marcos ideológicos y culturales de dominación y reproducción social y económica, ello de acuerdo a la especificidad de cada país y formación económico social.
En México, este marco de reproducción excluye la participación directa de la población. Es cruel reconocer la verdad, pero en este país la gran mayoría de la sociedad está para consumir, no para producir.
Concluyo entonces que la globalización es un proceso histórico complejo al cual ha llegado el sistema de reproducción económico, social e ideológico en el marco mundial. Por lo mismo, la globalización es un medio, un instrumento de reproducción y, de ninguna manera, un fin; es, además, un acto de poder de las grandes potencias en el nuevo reparto del mundo, un acto unilateral y sin consensos de los países cuya dependencia económica de ellos depende. Esa es su fortaleza y, al mismo tiempo, su debilidad.

viernes, 11 de junio de 2010

Ensayo sobre la reestructuración del Estado mexicano


Este volumen contiene mis escritos publicados en relación con la reestructuración del Estado mexicano, en lo particular concibo a ésta como un medio, un instrumento del cual dispone la sociedad para reestructurarse como Estado de derecho, de ahí que aborde temas que, así lo considero, permiten dilucidar los puntos torales que a partir de 1980 propiciaron la necesidad de reestructurar al Estado mexicano. Temas tales como: Deuda externa: ¿un tema muerto?; ¿por qué una nueva Constitución?; ¿qué Constitución queremos?; ¿el Partido Revolucionario Institucional es un partido hecho para tomar el poder?; ¿y la ética del poder?; ¿morirá el presidencialismo mexicano?; los grupos de presión: un eslabón perdido; la transición en México: proceso de consensos; y, finalmente, el de la situación sociopolítica y reestructuración del Estado mexicano. Es de agregar que en este último esbozo un proyecto de país que nos identifique en nuestra historicidad y transformación, en nuestra integración con los países del mundo, como individuos, como sociedad, como Estado.
Ensayo sobre la reestructuración del Estado mexicano constituye, al mismo tiempo que un intento de dilucidar, aclarar para mí mismo el proceso de transformación que vive abiertamente el Estado mexicano desde 1980, un deseo de participar en el debate nacional que sobre el particular se lleva a cabo en el país. Mi palabra, por lo mismo, está lejos de ser la última palabra. Soy un profesor que ama su trabajo, al prójimo, a la vida; soy una persona que sufre al verse y reconocerse en los ojos del otro; soy una voz común y corriente, una voz de la sociedad civil.
*González Licea, Genaro, Ensayo sobre la reestructuración del Estado Mexicano, Edición del autor, Derechos reservados, México, 2003.

viernes, 4 de junio de 2010

La neurosis

La fortaleza del alma sirve para sobrellevar
el infortunio, el dolor y la dificultad.
Henri Bordeaux.

La neurosis es una cualidad que tiene todo ser humano y se transforma en enfermedad solamente en personas hipersensibles. Como enfermedad es una defensa, un temor, dolor y angustia de verse a sí mismos, un pensamiento que prefiere el vacío, el morir sin conocer su propio rostro. Sin embargo, la neurosis, como cualquier otra enfermedad, en sí misma encierra su propia cura.

viernes, 28 de mayo de 2010

El rito de la muerte

El amor se nutre de soledad y de su hambre.

Eduardo O’ Gorman

Cuando uno ama sabe que inicia el rito de la muerte, el desierto del amor. Y esto es así porque a fin de cuentas el amor no es otra cosa que vivir plenamente la intensidad de la vida al mismo tiempo que la muerte, buscar la eternidad del instante por parte de dos seres que se complementan y corresponden en su integridad humana, uno a uno, piel a piel. Cuando uno ama ¡qué importa el qué dirán, lo fértil o no del sol o de la luna, ser novios o casados! Cuando uno ama lo que busca es el amor, ser amoroso real y verdadero, ser amoroso instante, suspiro de eternidad, presagio cotidiano de una pasión que nace y sucumbe, rejuvenece y muere al mismo tiempo.
Ser amoroso es ser amoroso amante, día a día, noche a noche con el ser amado.
Los amorosos se desnudan sin prejuicio, muestran su cuerpo sin importar su juventud o el paso de los años; sus brazos y sus pies son de madera, con ellos incendian su pasado, su presente y su futuro. Son como niños que no temen a la muerte, día a día son como pirañas que desde el río se arrojan al mar; son como potros salvajes que se montan en la eternidad y se hunden más allá, mucho más allá del infinito y del fondo del océano; precisamente porque saben que su destino es sucumbir para volver amar.
Los amorosos son como un pedazo de carne devorada por las hienas; son rostros fusionados en un instante, pensamientos que noche a noche se asoman a la gloría y al infierno, mas nunca al limbo, lugar donde sólo habitan los mediocres, los arrepentidos, los que amaron sin morder la carne y masticar en el cuerpo del otro su propio cuerpo.
El limbo es para los amantes que amaron de rodillas, que amaron por amar, sin buscar en el otro por los siglos de los siglos su guarida, sin encontrar en sí mismo a la astilla amada, la estaca que se clava. El limbo es para los amantes que nunca fueron plenos.
Los amorosos son comunión de amor, rabia de búsqueda en las puntas de los dedos, de la lengua, de los cuerpos que se unen y se alejan. Los amorosos pisan la gloria y el infierno en un respiro, son sed y agua, rito de vida y muerte. Los amorosos buscan, diría Sabines, “son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan”, “su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan”. “Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin el diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite”.
Los amorosos son mucho más que los amantes. Los amantes son instinto, momento que inicia y se termina, espejismo, desengaño, ansiedad que muere. Limbo sobre limbo. Y es que los amantes, nos dice Henry Miller, “no se enamoran, sino simplemente aman”. No piden poseer sino ser poseídos por el amor. Y aquel que no es poseído, será un amor desventurado, triste destino de un amor que no es correspondido. Tal es el caso del Werther de H. W. Goethe, quien el 3 de septiembre de 1772 escribe: “a veces no comprendo cómo puede amar a otro hombre, cómo se atreve a amar a otro hombre amándola yo con un amor tan perfecto, tan profundo, tan completo; cuando no conozco más que a ella, ni sé nada, ni tengo otro pensamiento que ella”.
Cuando uno ama sabe que inicia el rito de la muerte, el desierto del amor. Sabe que cada instante es infinito y el último instante no existe porque en ninguno de los dos hay el temor de un día quedar solos; saben que no resisten la lejanía del aroma de su cuerpo, la melancolía y el recuerdo del mañana: son el uno para el otro, son complemento, hambre y alimento.
Los amorosos atropellan, causan un dolor que nadie entiende, sólo ellos cuando se miran y se dicen en silencio que se están causando daño, que están muriendo al soportar el grito del dolor. Los amorosos son soñadores que se derrumban en los dedos del amor, son más, mucho más que un millón de amantes.
*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.


lunes, 24 de mayo de 2010

Libertad

Amo la vida como, estoy seguro, un perro ama a su amo. Amo la libertad del águila o la paloma, en ellos reconozco mi libertad plena, la que nunca podré tener porque, al decir de Canetti, “uno sólo es libre cuando no quiere nada”.

martes, 18 de mayo de 2010

¿Y la ética del poder?

(Segunda parte)

Lo reconozco; los descaros, los acuerdos ocultos y las verdades a medias, me llevaron a ver los días tristes y las calles desoladas. Me levanto a solas. Me reconforta saber que soy parte de una sociedad civil viva, caminante, con proyectos e intereses. Soy parte de una sociedad civil que sigue a pesar de que el ejercicio del poder nos tome el pelo, nos manipule, nos mienta, nos deje fuera de sus decisiones.
El poder ejercido sin la sociedad civil mexicana. El poder ejercido por el poder mismo, y frente al mismo poder, cual espejo fiel y único interlocutor.
¿Y dónde quedó el hermoso proceso histórico de transición que inició el país en el año dos mil? Está en la sociedad civil, no se ha perdido ni se perderá. ¿Son tan grandes los compromisos del Estado como para que realmente no podamos ser nosotros mismos sin dejar de ser parte del otro? ¿Será que la izquierda, la derecha, los centros y los extremos, han renunciado a la construcción de un proyecto nacional? Todo indica que su compromiso se da con la democracia, con el desarrollo y comportamiento democrático de los individuos, mas no con los intereses de clase de los mismos.
Ochenta millones de mexicanos están en juego; ¿están en juego? No, creo que no. De ahí mi tristeza y que me haya permitido citar, tanto las palabras del maestro Margadant, como escribir desde mi soledad y recogimiento; desde la vida que sigue y la muerte que espero; desde la desesperanza y el desencanto humano.
Veo un panorama desolado, un Estado en ruinas. Busco un jefe de Estado y no lo encuentro. Busco alguien que hable de frente a la nación, que no huya a la crítica, a la confrontación de ideas y principios, y tampoco lo encuentro. A todos los hombres de Estado que toman las decisiones reales de poder, los veo agazapados fomentando la cultura del rumor y del engaño. ¿Acaso se han extinguido los políticos y estadistas en México? ¿Dónde están los líderes políticos con la capacidad real de asumir la conciencia colectiva? ¿Dónde está el “nuevo príncipe” producto de una transición? ¿Será que la derecha en el poder ha quedado atrapada en el protocolo, en la política de la imagen, el rating, las cámaras, los aplausos y las declaraciones?
Declaraciones que van desde el considerar que los problemas nacionales se pueden resolver en cuestión de minutos; hasta la solicitud de pedir: “básicamente no agredir a Estados Unidos o al presidente Bush”, así como: el “FMI marca el camino”. México planificado desde la política económica del Fondo Monetario y el Banco Mundial. El financiamiento viene de ahí, escúchese entonces, México es parte de los países económicamente dominantes en el sistema financiero mundial, pero claro está, como un país maquilador. ¿Y cómo no serlo si en él es prácticamente nula la educación e investigación; cuenta con graves problemas de corrupción e inseguridad pública, en tanto que sus partidos carecen de legitimidad y liderazgo?
Llamo a la reflexión crítica, al estudio de la realidad política y social del país, a estar lejos de las disputas desgastantes de los nombres y apellidos.
*González Licea, Genaro, Ensayo sobre la reestructuración del Estado Mexicano, Edición del autor, Derechos reservados, México, 2003.