Solo busqué
que mis sueños se juntaran con mis sueños,
que el eco de
mi voz fuera mi vida y los pies de mi camino,
y mi nostalgia
un recuerdo tirado en el olvido.
Del libro
Tumbas en el olvido de Genaro González Licea
Solo busqué
que mis sueños se juntaran con mis sueños,
que el eco de
mi voz fuera mi vida y los pies de mi camino,
y mi nostalgia
un recuerdo tirado en el olvido.
Del libro
Tumbas en el olvido de Genaro González Licea
Morir no es el patético segundo de partida.
Es la
hermosura del aire que respiro,
una existencia
en el andar de este camino.
Del libro
Tumbas en el olvido de Genaro González Licea
No sé si al caminar fui yo el que cayó
en un recuerdo sepultado,
o fue mi fantasma bañado de ausencia y
de vacío.
No lo sé,
pero sé que mi yo es una sombra
enterrada entre mi sombra,
y sangro al verme crecer sobre la
hierba.
Igual que el aroma de una flor que nunca
tuve,
igual que la congoja de una tierra que
nunca fue la mía.
Del
libro
Tumbas en el olvido de Genaro González Licea
Ese día llegué más allá del fondo de mí
mismo,
me vi sin mí por un instante,
me vi sin conocerme,
era yo y el otro y el otro que nunca he
sido,
y a la vez ninguno era el rostro de mi
rostro,
la cara de mi cara,
la de este que soy ahora
y muerde su quebranto en su abandono.
Del
libro
Tumbas en el olvido de Genaro González Licea
Mi silencio era la llama de mi cuerpo
ejecutado,
un gris agonizante que murió abandonado,
un muerto ajeno a mi propio muerto
sepultado,
un cadáver clandestino en mis venas
desatado.
Del
libro
Tumbas en el olvido de Genaro González Licea
Las tumbas en el olvido…
Son quejidos escondidos suspirando muy
dentro de cada quien,
muy al fondo de nuestro ser asesinado
en el rostro de otro rostro
que es mi rostro vagando sin mí y tirado
al lado mío,
desnudo de sí,
desnudo de mí,
desnudo de su más pura desnudez desnuda.
Del
libro
Tumbas en el olvido de Genaro González Licea
Es el rostro de mi madre
que duerme carcomido junto al mío.
Es mi rostro migrante amasado
con los sesos de un canto de paloma,
paloma migrante igual que yo,
que dejó su esperanza arrodillada,
su boca amordazada,
y su amor y libertad en una hoja
que llora cuando llueve,
cuando el aire la mece en ese infinito
que me ciega.
Del
libro
Tumbas en el olvido de Genaro González Licea