domingo, 2 de enero de 2011

Stefan Zweig (Una partida de ajedrez) y la actitud de sus personajes


Dos jugadores, dos actitudes. Su virtud: cada cual luchar por su libertad de ser, mantener su búsqueda de poner una huella en sus actos y decisiones, de luchar y construir su vida y su muerte.
Czentovic, un hombre que “nunca logró jugar una sola partida de memoria, o, por emplear el término técnico, a ciegas”. Un hombre que, efectivamente, podría proyectar en su interior, milímetro a milímetro, las partes del tablero, pero carecía de facultades para proyectarlo. Ello requería ingenio, capacidad de abstracción, cierta fantasía. El doctor B., temperamento inquieto, hombre desesperado, con gran capacidad de abstracción, hombre que pudo reconstruir las ciento cincuenta partidas de ajedrez y, más aún, reconstruir su vida, la vida, crear ilusiones, una realidad propia, evadir su realidad.
Cuando ambos estuvieron frente a frente ante un tablero de ajedrez, cada cual sin salirse de su estilo y personalidad se reencontraron y se maravillaron. De tres partidas que jugaron, una la empataron y las otras dos, cada cual ganó una de ellas. Al doctor B, le perdió su temperamento desesperado y su forma de llevar el juego: de memoria. A Czentovic, le sacó adelante precisamente su incapacidad de jugar una sola partida de memoria, así como su temperamento frío, desapasionado.
El doctor B, reubicó la soberbia del poder, la displicencia de un campeón Czentovic que al enfrentarse a un grupo desconocido de principiantes, entre ellos el propio doctor B, les dijo: “vosotros sabéis quien soy, y a mí no me interesa saber quiénes sois”. El doctor B, en la partida que perdió con el campeón, cometió el error de jugar solo (sin el rival), de abstraerse, evadir la realidad, el juego. Después de ciertas jugadas llegó a decir: “¡Jaque! ¡Jaque al rey!” Czentovic, una vez de observar la jugada, frío, calculador y sin inmutarse, dijo: “lo siento..., pero no veo ningún jaque”. El doctor B, regresa a la realidad, ve el lugar de cada pieza en el tablero y dice: “pero..., ¡el rey debe estar en F7! Está mal colocado..., completamente mal... ¡Usted movió mal! Todo esta fuera de su lugar”. Observa, reflexiona, se detiene. Después de un gran silencio dice: “¿Acabo de decir o de hacer un disparate...?” Efectivamente, el jugó solo, movió sus propias piezas, inventó otro juego, se “desdobló” como lo hacia en prisión.
Ante estos dos temperamentos Stefan Zweig, incorpora el tercero inevitable: la pasión ciega de ver y actuar en la vida, la pasión que impide el diálogo interior y exterior del ser humano, un ingeniero que deseaba ganar a como diera lugar y a costa de lo que fuera a Mirko Czentovic. Su actitud fuera de sí refleja la de todas aquellas personas que se encuentran atrapadas en alguien, incluso, en sí mismas. Aquel que lo entienda dominará, sea campeón o no.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

El amor, la frialdad y la pasión


Para la ciega pasión, es un honor perder frente a un campeón, sin darse cuenta que al hacerlo, pierde consigo mismo. El amor enloquece, la frialdad domina, la pasión atrapa.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

sábado, 1 de enero de 2011

La Jurisprudencia de Klimt y Las riquezas de las naciones de Orozco en la Suprema Corte de Justicia de la Nación


Cuando veo la Jurisprudencia de Klimt, recuerdo inmediatamente el arte comprometido de José Clemente Orozco (La trinchera, Prometeo, Las fuerzas brutas), el pintor de la diagonal de fuerza que siendo propia nos recuerda a la de Rubens, el pintor del equilibrio y movimiento lento pero vigoroso. Repito, la Jurisprudencia de Klimt me lleva a los murales de Orozco ubicados en un patio interior de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de mi país, denominado de los pasos perdidos. En cada uno de los puntos cardinales de los pasos perdidos existe un mural: el de Las riquezas de las naciones (las entrañas de la nación, las fuerzas de la soberanía, las riquezas del suelo y del subsuelo, el tigre como símbolo que defiende con expresión de lucha la unión nacional y las riquezas de la nación, todo, todo esta depositado para su vigilancia y garantía precisamente en la Suprema Corte de Justicia de la Nación), el de La justicia (metafísica), el de La justicia (terrenal) y El movimiento social del trabajo. El símbolo de los cuatro murales es un todo integral de Orozco y su compromiso con los trabajadores, con la gente humilde, depositados en el espacio e instancia adecuada.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

La Jurisprudencia de Klimt y Orozco Las riquezas de las naciones, La justicia (metafísica), La justicia (terrenal) y El movimiento social del trabajo

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La hipersensibilidad de Van Gogh


Efectivamente, a Van Gogh su hipersensibilidad lo llevó a sus crisis de locura, a su arte inconfundible, a su suicidio. Fue enterrado en medio de los campos de trigo, al pie de los girasoles. Ahora, cada que veo la pintura de Van Gogh, que no es otra cosa que Van Gogh mismo, hago mías las palabras dichas por Shopenhauer al oír música: “mi imaginación juega a menudo con la idea de que la vida de todos los hombres, y la mía propia, no son más que sueños de un espíritu eterno, buenos o malos sueños, de que cada muerte es un despertar”.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

Para Van Gogh pintar es alivio, necesidad de vivir y sobrevivir, una lucha interior, una forma de evadir su realidad



Vagabundo y solo, siempre solo, no resiste la soledad, regresa a casa de los padres. Sin embargo, sea cual fuere su estado de ánimo y circunstancias, Van Gogh pintaba de día y de noche, días y noches completos; su peculiaridad: los colores lóbregos, o la combinación de esos colores; trazos fuertes, nervios dejados en sus pinturas. Se diría que para Van Gogh pintar era un alivio, una necesidad de vivir y sobrevivir, una forma de enfrentar su turbulencia interior, su yo interno, una forma de evadir su realidad y, al mismo tiempo, dejar huella de su paso en la vida.

Dicho en propias palabras de Van Gogh: “estoy seguro de que el anhelo de trabajar me devorará y me dejará insensible a todo lo demás y de buen humor”; “la vida pasa así, el tiempo no vuelve, pero yo encarnizo en mi trabajo, a causa justamente de saber que las ocasiones de trabajar no se repiten”. En otro momento, comentó también: “Felizmente Gauguin, yo y otros pintores, no andamos armados todavía de ametralladoras y otras nocivas máquinas de guerra. Yo por mi parte, estoy muy decidido a no tener más armas que mi pincel y mi pluma”.

Sin embargo, Anna Freud, en el prefacio a “Vicent van Gogh. Un estudio psicológico”, de Humberto Nágera, nos dice que “incluso el talento creador, un don tan estimado y deseado por todos, puede no ser suficiente para dar salida o soluciones aceptables a los intolerables conflictos internos y a las poderosas fuerzas destructivas que huyen en una personalidad y que pueden abocar a desenlaces trágicos”. Es el caso de Van Gogh, como el de tantos y tantos pintores. Van Gogh sucumbió ante su propia sensibilidad, y también, por que no decirlo, a otros móviles no menos importantes como son los relacionados con su miedo al fracaso, a la cúspide y a la vida misma. “Sé de antemano que habré de hacer algo en el momento en que tenga más lienzos. Por ahora, mi única preocupación es hacerlos”. Para Vicent, la pintura, coincido con Humberto Nágera, es la única droga que lo mantiene vivo.

Irving Stone, Anhelo de vivir. La vida de Vicent Van Gogh, respalda lo anterior al mencionar que “los hombres normales no crean obras de arte. Comen, duermen, trabajan en forma rutinaria y mueren. Ustedes, los pintores, son hipersensitivos a la vida y a la naturaleza, es por eso que son capaces de interpretar lo que nosotros no podemos. Pero si no tienen cuidado esa hipersensibilidad los llevará a la destrucción”.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

Van Gogh es una pintura de impresionante intensidad: depresión, dolor, desamparo, desgracia, perfil de vida y muerte



Van Gogh es todo un cuadro, una pintura de enorme e impresionante intensidad; es depresión, dolor, desamparo, desgracia, perfil de vida y muerte. Van Gogh, el pintor de los trazos vigorosos, fuertes, el que pone pedazos de nervio en sus pinceles, el hombre turbulento cuya sombra siempre fue su hermano Theo; Van Gogh, el hombre que vivió entre los obreros, campesinos, carboneros; vivió en la miseria y murió igual. Su obra esta unida a su intimidad, es su intimidad; su obra esta unida a sus circunstancias, a su realidad, a su impotencia, condición propia de un hombre acostumbrado a trabajar para comer.

Prisionero de sí mismo, con un estado emocional depresivo, la vida y sus circunstancias eran una cárcel, soñaba ser libre, “ser un pájaro”. Fue un hombre desdichado en amores, un corazón de niño que nadie se acerco a él; fue una prostituta quien aceptó vivir con él, tenía su cara marcada por la viruela, era alcohólica y esperaba un hijo. Van Gogh realmente le quiso.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.