jueves, 12 de agosto de 2010

Los malos artistas calzan siempre los anteojos del prójimo*

Recordemos que los maestros, cito nuevamente a Augusto Rodin, “son aquellos que miran con sus propios ojos lo que todo el mundo ha visto y que saben percibir la belleza de lo que es demasiado familiar para los otros espíritus.”. Por lo mismo, yo no aseguraría que la coherencia de una pintura se sustenta en la base de estudio técnico de la misma y en los trazos previos, como determinantes del resultado. Considero que ello solamente le da consistencia a nuestra actividad creadora, nuestra concepción de mundo, a la perspectiva del objeto o cosa a dibujar, o más estrictamente, a transformar al dibujar, al pintar. El pintor es universal, arranca el secreto mismo de los hombres y las cosas. Eleva su dolor al dolor, su sentir al sentir y lo plasma en forma desgarrada o en un todo armónico, con esperanza o desesperanza, encanto o desencanto, ilusión o desilusión, o bien con una mezcla de los factores mencionados.
El pintor, creo, es un ser humano que no supedita su emoción y forma de ver la vida, a la técnica. El pintor le da un orden a sus emociones y matices, el cómo es infinito. Es así como se efectúa la primera lucha del pintor. No por azares Leonardo decía que “el pintor lucha y compite con la naturaleza”; ordena sus emociones y las plasma en una superficie “llena de infinitos puntos” y, naturalmente, con una clara perspectiva: “freno y timón de la pintura”, sentencia el mismo autor.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

La riqueza del devenir*

Ciertamente, la música, el arte, las ideas y las cosas en general, se transforman de un músico a otro, de un artista a otro, de un escritor o ser humano en general a otro; cada transformación encierra un acto revolucionario, un nuevo nacimiento. Al fondo esta siempre la conceptualización, representación y perspectiva del mundo, de la sociedad, de la forma y figura, sin que ello signifique que tal perspectiva y representación quede atrapada, para siempre, sólo en determinados ojos.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

El arte exige decisión*

Recuerdo aquí los consejos de Augusto Rodin (Mi testamento) a los jóvenes pintores: “el arte exige decisión. Cuando vuestros planos estén definidos, todo habrá sido hallado. Vuestra estatua vive ya. Los detalles nacen y se disponen por sí mismos, de seguida. Cuando modeleís, no penséis en superficie sino en relieve. Que vuestro espíritu conciba a toda superficie como el extremo de un volumen que la empuja desde atrás. Figuraos las formas como si apuntaran hacia vosotros. Toda vida surge de un centro, luego germina y se expande de adentro hacia fuera. Del mismo modo, en toda bella escultura, se adivina siempre una potente impulsión interior. Este es el secreto del arte antiguo”.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

Nada es indigno de pintar*

Para el pintor no hay “circunstancias en la vida humana que sea indigna de reproducirse por medio de la pintura”, diría Schopenhauer. Desde un paisaje, un rostro, un retrato, una piedra, un zapato roto, “el lado horrible de la naturaleza humana, el dolor sin nombre, los tormentos de los hombres, el triunfo de la perversidad, la irónica dominación del azar, la irremediable caída del justo y del inocente”, otra vez Shopenhauer. Repito, todo será digno de pintar; el centro a definir será la perspectiva, el relieve, la forma.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

Los pintores son revolucionarios por naturaleza*

Un pintor como hombre está demasiado
absorbido por lo que ven sus ojos
y no domina bastante el resto de su vida.

Vicent Van Gogh


Los pintores son revolucionarios por naturaleza, sensibilidades que retratan la historia, la historia real, socialmente verdadera, humana, íntima: el yo, su tiempo y sus circunstancias. Los pintores son hombres antes que artistas, son personas comprometidas consigo mismas, con su técnica y la transformación de su técnica, son sensibilidades que dibujan los nervios de la historia, los efectos del tiempo y el tiempo mismo. Los pintores, igual que los poetas, “contemplan desde fuera el mundo dormido”, diría Alfonso Reyes, pero, además, continúa el autor “se acercan al durmiente como un vampiro, entran en él y en su pesadilla, buscan una síntesis entre la vigilia, el duermevela y el sueño”. Es así como el pintor queda atrapado en el tiempo, muerde su dolor a solas, cualquier imagen que ve es un millón de espinas en sus ojos. Él sabe que en tanto viva la soledad, el dolor de la creación, el vacío que deja el nacimiento de su obra, le acompañará siempre hasta que su grandeza caiga de rodillas ante su propia sensibilidad. Su sensibilidad es su dios y su demonio.

*González Licea, Genaro. Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

jueves, 22 de julio de 2010

Ser jóvenes: situarse en una historia que es la suya

Aforismos a propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, es un conjunto de señalamientos, gestos y ademanes que percibo en el ser humano de nuestro tiempo. Me agradaría mucho que sea leído por los jóvenes, a pesar de que tienen múltiples actividades, una de ellas, por ejemplo, es, retomo las palabras de Mario Benedetti, “no decir amén, no dejar que les maten el amor, recuperar el habla y la utopía, ser jóvenes sin prisa y sin memoria, situarse en una historia que es la suya”. Por ello precisamente, repito, me daría mucho gusto que la juventud tenga la posibilidad de leer los presentes señalamientos que constituyen un canto gris, dulce, calma y tempestad, vida, muerte e infinito. Una cosa lleva a la otra. La vida es pleno movimiento. Aforismos es también un canto de amor a la desesperanza y al nacimiento de una esperanza, de un mundo vigoroso, fraterno, humano. De un mundo donde, en palabras de Bertran Russel, la esperanza no se anublará, y donde lo que es noble ya no será condenado como traición a este o aquel mezquino objetivo. Un mundo donde, continúo la idea de Russel, la juventud, la ciencia, el pensamiento del hombre se vea libre de la interferencia de cualquier dogma que se le imponga desde fuera, ejercitando su derecho a poner en duda todos los postulados, incluso el suyo propio.

*González Licea, Genaro. Introducción de Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.

Empapados de egoísmo*

Naturalmente, carezco de la sensibilidad de conmoverme hasta las lágrimas; digo solamente que me agobia la soledad de un mundo tecnificado y cada vez menos sensible y, más aún, me pesa saber que entre ambos factores esta atrapado el ser humano, una realidad compleja, descarnada, que oscila entre dios y el diablo, ambos soberbios, arrogantes, señalando culpas; un todo social de dominio y poder, el hombre domina al hombre y la sociedad al individuo. La sociedad se ha empapado de egoísmo, desesperanza y desencanto; de lucha por sobrevivir; en ella cada individuo quiere ser mejor que el otro. El ser posesivo en su más alta expresión. Todos, sin embargo, convivimos con nuestra frustración individual y social, nos utilizamos unos a otros, nos requerimos para cumplir con nuestra obligación de vivir y, en su momento, morir. Es esta simple razón la que nos permite soportarnos. “Todo aquello que tiene una razón para vivir puede soportar cualquier forma de hacerlo”, sentencia Federico Nietzsche.
Obviamente, no para todos es desolación y desesperanza, hay espacios en este mundo donde la pobreza no existe. Recuerdo aquí a Frank Kafka, él decía que en el mundo hay y “habrá mucha esperanza, pero no para nosotros”. Entendiendo por nosotros el hombre desconocido, el que tiene el rostro de todos y de ninguno, el ninguneado y manipulado, el que durante su actuar de vida obedece, obedece y sólo obedece. El mal necesario para que la vida siga. Ese hombre, sin embargo, tiene sentimientos y expresiones propias, no importa cómo (mudo, sordo o leproso; anciano, campesino, obrero o indígena) ni dónde se encuentre; ese hombre es parte de mí y de todos, todos somos parte de todos, lo cual para Enrique Ruiz García en su texto Yo asumo la muerte de Pedro Olmo, equivale a lo siguiente: todos somos parte de una sociedad sin rostro, somos sombras que empujamos a la muerte. Ese hombre lucha, decide, trae la cabeza en alto, es libre. Y ser libre, nos dice el mismo autor, “es llegar a no tener nada más que un estrecho féretro de piedra empujándote a ser tú mismo”.

*González Licea, Genaro. Introducción de Aforismos, A propósito de la vida y la muerte, la desesperanza y el desencanto humano, Amarillo editores, Derechos reservados, México, 2000.