sábado, 11 de octubre de 2025

Genaro González Licea y el renacer de Poesía y Olvido.

 

Genaro González Licea
Fotografía sin datar


POESÍA Y OLVIDO, UN LIBRO QUE MURIÓ DE AMOR

 

Un libro, un libro nuestro es, diría don Antonio Machado, “la ceniza de un fuego que se ha apagado y que tal vez no ha de encenderse más”. Eso es Poesía y Olvido, ceniza de un fuego que murió de amor. Sin embargo, en esa expresión de don Antonio Machado hay un “tal vez” que encierra una esperanza y abre la posibilidad de que ese fuego apagado pueda encenderse una vez más.

Y esa es precisamente la razón que aquí nos trajo: hablar sobre este libro de ensayo literario que, en su momento, murió de amor y hoy su fuego se ha encendido nuevamente. Hablaré de él desde el recuerdo y gratitud que le guardo, además, la precisión, a mi edad, es todo un lujo.

Poesía y Olvido me permitió, para bien, conocer a los amigos, su calidad humana y literaria y, por supuesto, aprender de ellos, respirar profundo y seguir. En ese sentido, el libro es un testimonio de gratitud a las personas que he encontrado en el camino y me permitieron, o efectuar una presentación o elaborar un modesto acercamiento a su obra, es el caso de “La sensación del instante y la eterna eternidad de la poesía. A propósito del aroma del haiku de Martha Obregón Lavín”, y “Búsqueda y ausencia en Soliloquios de Hans Giébe”, aquí presente.

Martha Obregón Lavín, poeta, pintora, retratista y docente. Luchadora social de toda la vida y extremadamente sensible y sencilla, de esa sencillez que ilumina, le cito: “En el abismo, /un pájaro recobra /la luz del alba”. En lo personal, me parece que Martha Obregón Lavín proporciona un nuevo amanecer a la esencia del haiku, y así lo digo.

Hans Giébe, por su parte, con una obra, igual que la de Martha, más que conocida, me detuve en una, solo en una de sus obras, que a mí me dice mucho: Soliloquios, también conocida como Solipsismos. En esta obra encuentro, como lo digo en el libro que aquí se presenta, “una frase densa y ligera, como agua de manantial, poética, reflexiva y de una sencillez que solo he visto al perderse una hoja con el viento”, y agrego: “al releerlo me da la impresión de tener en mis manos un libro que nunca había leído, a pesar de las anotaciones y subrayados hechos, sin duda, por mí y para mí”.

Por otra parte, en el libro que aquí nos reúne, también están presentes los ensayos sobre la obra, o para ser preciso, de una parte de ella, de Enrique González Rojo Arthur, Diana Lucinda González de Cosío, Lucía Paola Esquivel Mercado, Juan Carlos Capetillo, Otto Rene Castillo, Lazlo Moussong, y Esquivelho (Horacio Esquivel Duarte) el pintor jerezano cuya pintura, “naturaleza que agoniza”, es la portada del libro, la contraportada, es una hermosa fotografía de Ingrid L. González Díaz, que hace referencia a la cultura griega, con una leyenda que señala: “lo que una vez fue y aún nos mira. Las huellas del pasado”.

Dicho lo anterior, bien se puede decir que Poesía y Olvido es un modesto diálogo con la obra de los escritores y pintores referidos, así como la exposición de escritos literarios personales con los cuales reinicié, públicamente, dicha actividad, después de más de cuarenta años de no hacerlo. A esto responde Aforismos a propósito de la vida y la muerte; El silencio y la sombra, o la indigencia de la vida y el tiempo, así como Poesía y olvido, a propósito de tumbas en el olvido. Título este último que dio origen al libro que hoy se presenta.

Es de mencionar que, en todo mi recorrido literario, conté con el apoyo sincero y generoso de Enrique González Rojo Arthur, quien siempre me dio la oportunidad de dialogar con él desde que yo tenía, si no mal recuerdo, escasos 18 años. Diálogo que se mantuvo hasta unos meses antes de su muerte el 5 de marzo de 2021. Enrique fue, es y será, una persona clave en mi formación literaria, educativa y profesional, de la misma manera que don Pedro Vuskovic Bravo y don Carlos Castilla del Pino; Enrique Ruiz García (Hernando Pacheco o Juan María Alponte) y don Eduardo Nicol. Insisto, la presencia de González Rojo Arthur tiene para mí un gran significado. Fue él quien más me insistió en que diera a conocer mis escritos y, además, que nunca dejará de escribir. Cuestión que le prometí y espero cumplirla.

Recuerdo aquí que un día estuve en casa de Enrique González Rojo, hacía poco tiempo de haber fallecido el buen amigo de Eusebio Ruvalcaba. Entre silencios y palabras enlutadas, Enrique me mostro una pluma muy original de un color verde jade, si no mal recuerdo, y me dijo: “es la pluma de Eusebio, antes de morir pidió que me la entregaran”. Su servidor ya no podrá hacer lo mismo, pero mi pluma ya le pertenece. Se diría que es a esta insistencia de Enrique, a lo que responde su prólogo al poemario de Caloclica que marcó un compromiso hondamente en mí, lo tituló: “DESESPERANZA Y POESÍA. En torno a la Caloclica de Genaro González Licea”.

Otro acto generoso de Enrique, de los tantos y tantos que se dieron, fue el haberme permitido hablar de su obra poética, en 2019, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, a propósito de un homenaje a él. Sobre el particular, recuerdo que le pregunté: “deseas que mencione algo en particular”, “no Genero, expón lo que tú quieras”, me contestó. En el presente libro hay un breve comentario tanto al prólogo en cuestión, como mi exposición en la Sala Manuel M. Ponce. El primero se titula Desesperanza y poesía y, el segundo, El devenir del tiempo en la poesía de Enrique González Rojo Arthur.

Por otra parte, debo decir también que guardo un hermoso recuerdo de cada una de las obras y autores a las que se refieren los ensayos literarios contenidos en Poesía y Olvido. Uno de esos recuerdos es que, en cada obra de los autores ya citados, “vi lo grandioso y efímero del ser humano, el misterio amoroso del ser, del ser de barro que se extingue con el agua”. “Sí, el polvo vuelve al polvo, al infinito polvo que recorre la sombra azul que vive en la eterna eternidad del infinito”. Vi la grandeza de la palabra y la pequeñez e insignificancia que somos ante el infinito y, sin embargo, nuestra grandeza está en vivir, en la vida y lo vivido. Escúchese, en lo que uno ha hecho que suceda.

Otro recuerdo, muy presente en mí, fue que, al elaborar notas de las obras de los autores, me percaté hasta el poro más hondo del alma, de la enorme dimensión, peso y densidad que tiene el silencio y el olvido en la literatura en general, en mí en particular. Somos instante y eternidad al mismo tiempo, destello de recuerdos, silencios y olvidos. Entendí que el silencio es un espacio de libertad que da el olvido, y que el ser, para ser libre requiere del olvido y abandono.

Agregaría, finalmente, que Poesía y Olvido se compone de trece ensayos y, si recuerdo bien, once epígrafes. De éstos últimos, permítanme, para concluir, leer siete de ellos:

1

Siniestro aullido

el del perro que piensa

en su suicidio.

Enrique González Rojo Arthur

20 haikus heterodoxos.

 

2

Viento otoñal,

para mí ya no hay dioses,

no hay Budas ya.

Shiki.

 

3

Nunca creí que amar doliera tanto.

Estoy en la miseria, me revuelco

como el pez en la arena, en la imposible

proximidad del mar que creyó suyo.

Rubén Bonifaz Nuño

El manto y la corona (1958)

De otro modo lo mismo.

 

4

Me voy

pero no te preocupes

si antes del otoñó

no he vuelto todavía.

Otto René Castillo

Poesía (1989).

 

5

A pesar de las espinas bajo mi piel,

Abracé los sueños que olvidé,

Y besé los recuerdos del ayer.

Lucía Esquivel Mercado,

del poema: sobre el tiempo.

 

6

Muerte, con tu inocencia que liberas vidas,

que sólo cumples veredictos

y efectos provocados por las causas.

Muerte amiga, carente de amigos,

Muerte que consuelas, Muerte salvadora,

incomprendida,

rescatista del dolor,

ladrona del tiempo.

Lazlo Moussong

Tibor, mi tío vampiro.

 

7

¿Qué queda de las alegrías

y penas del amor cuando éste desaparece?

Nada, o peor que nada;

queda el recuerdo de un olvido.

Luis Cernuda,

La realidad y el deseo.

 

Mi agradecimiento a Casa Manu, La Tertulia Nacional MX, Sumeru, hermoso referente cultural ubicado en el Centro Histórico de la CDMX. Casa que nos obsequió la oportunidad de presentar Poesía y Olvido, así como a Hans Giébe quien me acompañó en este diálogo con todos ustedes.

Genaro González Licea

Caloclica, CDMX, octubre de 2025.

 

Promocional del evento