CONCIENCIA
CÓSMICA Y HUMANA
EN
EL SENTIPENSAR INDOCRISTIANO DE BENITO
BALAM
Sentipensar Indocristiano, libro de Benito Balam que aquí se presenta, es la palabra ancestral de los pueblos indígenas de América, expuesta con el tono azul turquesa de una visión de mundo que hierve en nuestra sangre todavía.
Es la expresión de nuestros pueblos indígenas, hecha con una raíz muy
nuestra y, al mismo tiempo, fusionada con los injertos propios del paso del
tiempo. Ensambles de historicidad que, hasta hoy en día, se manifiesta en el actuar
de nuestra vida cotidiana. Ello es así, porque dicho ensamble y comunión
encierra una visión humanista del mundo, una cultura libertaria y respetuosa
del ser, del ser pensante y del ser viviente, en un tiempo y espacio comunal,
sagrado, místico e interactuante en la diversidad que se encuentra en el
camino.
Y es así como Benito Balam estudia la honda raíz de los ancestros, su filosofía
y su palabra. Palabra que en el presente libro se nos muestra en su hondura y
resplandor y, por si fuera poco, bellamente ilustrada por el maestro Alberto
Cerritos. Todo mi reconocimiento a su trabajo.
En Sentipensar Indocristiano tenemos
la exposición del contenido y significado de la palabra fundante. La palabra de
claridad, la palabra biocósmica y de advenimiento, la palabra de las palabras
de la Piedra del tiempo, la del hermano mayor y la del camino blanco.
También se expone el significado y contenido de la palabra del hermano
maíz, la madre tierra y del vidente. La palabra de la sabiduría y de la
medicina; la palabra del sol, la tormenta y el agua, el viento, la semilla y la
aurora y, finalmente, la palabra de la serpiente emplumada, el venado guía, el fuego
sagrado y, por supuesto, la palabra que han dejado los difuntos, unida al amor
a la vida y al más allá.
En suma, se expone, como dije, la palabra fundante de nuestra
historicidad y el ensamble en ella recibida por la propia dinámica del tiempo.
El tiempo, igual que uno, no es fijo y para siempre, es dinámico y cambiante.
El tiempo, diría Benito Balam, “no es un invierno humano, es un devenir del
ser, donde el centro de su medición es la vida misma, su sobrevivencia y su
buen vivir, por eso, el punto de partida del conocer, no está en la mente
humana, sino en la conciencia cósmica, que sostiene el orden para que
prevalezca la vida, y dentro de ésta, el ser humano”.
Razón por la cual, no tengo ninguna duda, puedo afirmar que Sentipensar Indocristiano es y será un libro capital para aquellos que
busquen, con seriedad y respeto, asomarse a nuestras raíces, injertos,
entrecruzamientos y modificaciones que han erosionado nuestra historia.
Es un libro complejo, libro para leer, releer y estudiar. Es un libro
vital que nos muestra el sentir, el pensar y actuar de nuestros antepasados,
unido a la filosofía de otras formas de ver el mundo, formas que se enlazan y
complementan, pero también, se entrecruzan, dialécticamente, como contrarios,
no para destruirse sino para transformarse y propiciar el respeto y convivencia
en comunidad.
En este sentido, si bien, hasta donde percibo, Benito Balam enfatiza su
estudio en la palabra de la cultura maya, en realidad, su estudio es piedra
angular que comprende, al mismo tiempo, la palabra de la cultura purépecha
y huichol, otomí, náhuatl y yaqui, por decir algunas, así como la palabra de
oriente y occidente, entrelazadas en su devenir.
La palabra actual, igual
que la ancestral, comprende una visión de mundo, una historicidad, un ensamble,
un injerto y bifurcación, una comunión dialéctica de respecto y equilibrio para
actuar en convivencia, lo cual no quiere decir que no existan tendencias de
poder que busquen dominar con su palabra y visión sectaria de poder la unión
multicultural que encierra la palabra. Sin embargo, el comportamiento natural y
profundo de la palabra no es generar inestabilidad y violencia, sino, más bien,
justicia, respeto y tolerancia para vivir y convivir en comunidad.
La palabra expuesta en Sentipensar Indocristiano comprende, por
tanto, una conciencia universal del ser, un asomo a los sentimientos y
pensamientos del ser, del ser viviente y pensante; una unión de pensar y
sentir, razón y sentimiento, razón y bondad, un sentipensar. Término que es
entendido en la obra de Benito Balam “como un elemento de la conciencia
cósmica, comunitaria, intercultural, crítica, humana y espiritual”, ello en
virtud de que, cito nuevamente sus palabras “no se restringe a lo humano, sino
se centra en el proceso de la vida, donde encuentra su realización humana”.
Dicho esto, concluye:
“estamos en el tiempo en que es posible lograr, que la mente sea puesta al
servicio de la conciencia del ser humano, que a la vez que cuida de la vida, se
deje cuidar por la vida. Si nos oponemos a eso, la vida misma en sus
manifestaciones naturales, se encargará de recordarnos, que ella es prexistente
a cualquier ser humano”.
Esta es la palabra de
entendimiento y comunión que contienen las páginas del libro que aquí se
presenta. Palabra que viene desde los ancestros y se conjuga e interpreta con
la voz indocristiana de Juan Diego en su experiencia mística, según refiere
Benito Balam, “con Santa María Tonantzin Guadalupe, en el Nican Mopohua,
copilada en náhuatl por Antonio Valeriano, alrededor de 1556”.
Y es así como las
raíces indígenas y cristianas se entrelazan en el tiempo y el espacio, en la
dimensión biocósmica del sol, ello a pesar de que, refiere Benito, “sabemos por
la ciencia occidental que la tierra gira alrededor del sol”, pero, como él
mismo nos reitera, “en la ciencia maya, el sol de cada día con su noche, es
único e irrepetible, al menos durante 52 años, en que se renueva el sentido de
ese nuevo sol, y se recarga con nuevos significados, su día con su noche”.
De esta manera,
permítanme decirlo de así, la palabra, a pesar de ser plural y estar compuesta
por múltiples aristas, entre ellas el misterio del silencio y la llama donde
nace, en realidad es una, un símbolo y expresión que se asoma, solo se asoma, a
describir ese misterio, ese sentimiento de razón y bondad, conciencia cósmica y
humana del ser, lo repito una vez más, del ser pensante y del ser viviente, en
un tiempo y espacio determinado.
Por lo expuesto, es
posible decir que el centro de esa palabra, múltiple y unificada, es el ser, la
efervescencia cósmica del ser, unida al pensamiento y sentimiento producido en
la raíz de la persona, ya sea en lo individual o colectivo. Esferas que se
complementan, se unen, buscan su sentido e identidad, y se liberan.
Debo agregar,
finalmente, que Sentipensar Indocristiano
constituye un eslabón muy importante en el estudio que por años ha
efectuado Benito Balam sobre la visión indocristiana o ensamble de dos visiones
de mundo.
Visión cada vez más
necesaria en nuestros días, pues nos permite reencontrar y reencauzar la voz de
millones de cristos que caminan sus viacrucis atados a la pobreza. Son personas
que buscan respeto y dignidad, convivencia comunitaria y libertad de ser,
hermanada con el comportamiento de la tierra y el cosmos.
Genaro González Licea
Caloclica, CDMX, julio de
2025.
De derecha a izquierda:
Hans Giebe, Benito Balam y Genaro González Licea
Fotografía obsequio de Hans Giebe


